Entrevista de trabajo: el campo de batalla

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En la entrevista de trabajo es donde se libran las mayores batallas en el mundo empresarial. Por un lado, el entrevistado trata de mostrar lo mejor de sí mismo, mientras que por el otro, el entrevistador intenta descubrir aquellas cosas buenas o malas que puede tener ese candidato.

Ambos sacan a relucir sus mejores técnicas en el combate y mientras preguntas van y vienen, se va forjando un posible nuevo destino en la empresa. Y es precisamente aquí cuando el entrevistador debe tener extremo cuidado, pues el ejecutivo mercenario es un artista del disfraz y hará hasta lo imposible por meterse en la organización.

Entrar a la empresa para aprovechar los recursos o usarla de catapulta hacia otro puesto o empresa mayor se ha convertido en una práctica común. Los ejecutivos jóvenes, sobre todo, buscan ascender de forma rápida. Como dicen, quieren ser gerentes apenas cuando han salido de la universidad (me identifico plenamente con esta postura). Sin embargo, lo importante en ellos será que demuestren tener la sensatez suficiente para no permitir el ser superados por sus propias emociones.

Si en la entrevista dejas ingresar a tu empresa a un ejecutivo mercenario, esta persona será como un vampiro, succionando la sangre de la compañía hasta donde se pueda y buscando siempre otras alternativas de trabajo afuera. No será un fiel comprometido, ya que es nuevo. Aún así, existe siempre la posibilidad de que se desempeñe muy bien, lo que no deja de lado que pueda voltear y seguir otros rumbos en el momento menos esperado.

Algunas técnicas para el entrevistador:

1. No hables demasiado. No dejarás espacio en la conversación para conocer al candidato… si no te diste cuenta, es la razón por la cual lo llamaste.

2. Vende bien tu empresa. Toda persona, candidato o no, es un cliente potencial. La impresión que se lleve de la empresa y de su gente debe ser la mejor.

3. Las preguntas deben ser abiertas (que no sean de contestar solo si o no). Además deben ir ordenadas y estructuradas de acuerdo a las habilidades que requiere la posición buscada.

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¿Aceptaría que le creen las necesidades?

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Parece un supuesto absurdo, pero algunas empresas hacen esto con el fin de introducir con éxito nuevos productos al mercado. Obviamente, la respuesta es “no”, ya que nadie querría que le creen sus propias necesidades. Por lo general, uno mismo sabe qué es lo que necesita y no es necesario que nadie nos lo diga.

El caso es que, nos encontramos frente a un dilema ético cuando las empresas o los empresarioas tratan de crear nuevas necesidades que no teníamos antes, para vender nuevos productos. Esto definitivamente es antiético, ya que el fin supremo de las empresas debe ser generar valor para sí mismas y para la sociedad.

Aún así, el ejecutivo mercenario conoce el comportamiento del mercado en este aspecto y solo utilizará su conocimiento para crear necesidades a la gente cuando así lo amerite la situación. No antes, ni después, ya que sabe lo importante de estar en armonía con la sociedad pero también la importancia de generar beneficios para la empresa.

El ejecutivo mercenario se concentrará primero en descubrir las necesidades de las personas, para poder adaptar productos y servicios acordes con estas necesidades; sin embargo, no perderá de vista la posibilidad de amotinarse internamente en la empresa y empezar a buscar la gloria y reconocimientos.

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Fidelidad empresarial

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El ejecutivo mercenario no se casa con ninguna empresa.

En verdad, eso me lo dijo un amigo hace mucho tiempo, pero no saben como me ha ayudado ese consejo, así que le pido que lo siga, no se case con ninguna empresa.

Porque no sabe que le espera a la vuelta de la esquina. Finalmente, tú estás siendo remunerado por tus servicios prestados, pero ni el tiempo ni la amistad pueden generar en ti una especie de ancla que te impida buscar nuevos y mejores horizontes.

Eso es precisamente lo que pretenden las empresas. Que las personas no se vayan, porque incurren en sobre costos de curvas de aprendizaje, reclutamiento, etc. Sin embargo, muy pocas a veces aciertan en retener a alguien por lo que en verdad le motiva. Generalmente envían disparos al aire para ver quién cae. Es por esto que debes tener extremo cuidado cuando te sientas cómodo en una empresa. La comodidad en estos casos, es sinónimo de conformismo y falta de progreso. Si estás listo para otros retos, ¡pues ve por ellos!

Si algún día la empresa decide prescindir de tus servicios, creéme que no pensará en cuántos años llevas con ellos o qué tan amigo de todos sean. La decisión será determinante y sin miramientos. Entonces, si eres tú el que decide irse, ¿por qué  no hacer lo mismo?.

El ejecutivo mercenario sabe que negocios son negocios, y que por más amigo y camiseta que sea, si quieren más de lo suyo, tienen que pagar por ello. Y si no quieren pagar, pues que les vaya bien. Claro, obviamente, salir correctamente de una empresa es lo mejor que puede hacer uno. Nunca se sabe, cuando pueda necesitar volver.

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Ideas no ejecutadas: como el pan de cada día

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Es que en realidad, ideas y proyectos no faltan en la empresa. ¿Acaso no tiene usted muchas ideas para mejorar los procesos y el trabajo en su empresa?, ¿acaso no está lleno de proyectos y sabe exactamente a donde apuntar para que estos se realicen y den beneficio a su organización?

Ese no es el problema. La verdadera dificultad está en la implementación o ejecución de esas ideas y proyectos. No hay que ser brillante para saber cómo y qué hacer para que la empresa mejore. El dilema es poner esas ideas en marcha.

Pero, ¿por qué es tan difícil ejecutar? es que no se sabe por donde empezar. ¡Es ahí donde entra el líder transformacional!, ¿quién dijo que el liderazgo era solo mística?, mentira, pero únicamente sirve si se le aplica correctamente.

Entonces la palabra clave es ejecutar, y ejecutar y cuando aún no sepamos que hacer, ejecutemos todavía más. Es la forma de ser congruente con uno mismo y con la empresa. Déjese de tanta palabrería y ejecute. Lleve a la práctica sus ideas, materialice tanto verso bonito.

El ejecutivo mercenario sabe que no solo de ideas vive la empresa, sino de ejecutarlas también. Y él sabrá en qué momento ejecutar y en qué momento palabrear. Porque ambas cosas coexisten en la empresa, solo es cuestión de saber cómo utilizarlas.

El buen ejecutivo mercenario ejecuta sin temor, porque su objetivo va más allá de lo que la simple visión de los demás puedan alcanzar a ver. Su objetivo se esconde en los cimientos de las ideas y les da fuerza para sostenerse. Sabe cuando avanzar y cuando retroceder, cuando olbigar y cuando ceder, porque su objetivo si bien es a favor de la empresa, también lleva un detalle adicional… él busca la gloria personal.

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Mercenario a sueldo o ejecutivo comprometido

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Debes estarte preguntando, ¿qué soy yo?, un ejecutivo comprometido con su empresa o simplemente un profesional a sueldo, que trabaja por la paga. La verdad, te diré que no hay mucha diferencia entre uno u otro, es más, ambos pueden llegar a coexistir en una misma persona.

Un mercenario es una persona que espera que le paguen por actuar. Brinda sus servicios profesionales pero a un costo y no está dispuesto a ceder ni un milímetro de su trabajo, si no es por una recompensa suficiente.

Pero, ¿no somos todos mercenarios alguna vez?, se refiere a un deseo de justicia, de obtener un beneficio por una labor. Si bien el ejecutivo comprometido siente una pasión única por su trabajo única, respeta los valores y se guía por los principios de su organización, también desea sobresalir, ascender, crecer en la empresa y por supuesto, ganar más.

Creo que todos tenemos un poco de ambos. Pero de lo que tienes que estar seguro, es que no puedes sobrevivir en el mundo empresarial sin una correcta fusión entre ambas partes. Uno debe ser en efecto un ejecutivo comprometido, porque es la forma de liderar y de hacer un buen trabajo, pero también debes ser un mercenario al momento de buscar lo mejor para tí. Buenas sueldos, buenos beneficios, por un buen trabajo. El lo justo, no más ni menos.

Las empresas siempre van a tratar de reclutar ejecutivos comprometidos y no mercenarios a sueldo. Es por esto que debes dominar el arte de vestir el lobo con piel de cordero. No en vano hay un dicho muy peculiar que dice “piensa como quieras, pero compórtate como los demás”. 

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