Nunca hieras a un león…

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Un león ejemplifica fortaleza, fiereza, elegancia, valor, majestuosidad y agresividad. Pues bien, hay personas que se mueven de esa forma en el mundo empresarial. Aquello que alguna vez escuché de un entrenador de líderes: tener “seniority”.

Esta característica es común entre los jefes y/o líderes en la empresa. Por lo general, una persona así saca a relucir la parte más agresiva de su personalidad en defensa de sus ideas, de su puesto y de su personal a cargo. Es bueno tener un jefe así, pero de la misma forma que es bueno tenerlo, también es bueno cuidar la relación con él.

A eso se le llama “nunca hieras a un león” o como algunos lo llaman “nunca hieras a un rey” o también “no le hagas sombra a tu jefe” (aunque este término no significa exactamente lo mismo, va relacionado). Quiere decir, cuando te enfrentes a una persona con estas características, mejor que tires a matar, porque cuando se levante del golpe… te aplastará. El consejo es, si te metes con alguien así, mejor que después que golpees, no se levante.

No seas loco, no te estrelles contra una pared. Estos líderes se mueven en esferas muchas veces desconocidas, manejan un buen network (relaciones interpersonales, red de contactos) y hacen constamente lobbys que les permiten acceder a cada vez más contactos. Cuando te encuentres con un líder-león, no pelees con él, sino aprende de él.

Debes aprender a distinguir a los ejecutivos corderos, de los ejecutivos leones. De eso dependerá que almuerces o que te conviertas en la cena.

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Contratando ejecutivos mercenarios

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¿Será bueno traer ejecutivos mercenarios a la empresa?, ¿contratarlos para puestos estratégicos e importantes, poniendo las operaciones de la empresa en sus manos?.

Los ejecutivos mercenarios son personas que no piensan más que en ellos mismos. Si bien son excelentes profesionales, están enfocados plenamente en su crecimiento profesional, en obtener cada vez más dinero y crear redes de contactos en contante crecimiento, para servirse de ellas.

La respuesta es sí. Definitivamente más veces que sí, que no. Pero, ¿porqué traer gente de esa calaña a la empresa?, porque cuando las ganas, la buena voluntad y el compromiso de las personas no alcanza, los ejecutivos mercenarios pueden hacen la diferencia.

Esto ocurre porque en la empresa existen muchas personas que han llegado donde están en base a compromiso, voluntad, ganas, coraje, fuerza, dedicación, o simplemente antiguedad.  Pero tal vez llega un momento para la empresa en que esto no sea suficiente. Las habilidades estratégicas de creación de valor, el liderazgo, las experiencias críticas y la personalidad arrolladora de un ejecutivo mercenario es lo que la empresa puede necesitar en esos momentos.

Un ejecutivo mercenario le brinda a la organización una nueva visión, una nueva forma de ver el mundo, la vida. El liderazgo que desprende es inspirador y no piensa en otra cosa que en realizar actividades que agreguen valor al negocio. Nadie lo puede detener. Pero, te va a costar.

Los ejecutivos mercenarios por lo general no comparten las mismas aspiraciones en la oficina que otros. Ellos buscan un buen sueldo, que les permita comprar un buen auto (plena exposición). Buscan reconocimientos, bonos, facilidades, grandes oficinas y la flexibilidad en sus horarios que les permitan mantener viva su red de contactos. Esto sonará muy engreído, pero así son. Entonces, ¿para qué tratar de cambiarlos o entenderlos si realmente ellos pueden hacer la diferencia en el mundo empresarial de hoy?.

Si tienes un ejecutivo mercenario en tu empresa, dale lo que quiere y déjalo trabajar. Los resultados te podrían sorprender gratamente. Pero eso sí, ten un reemplazo a la mano, porque la fidelidad a la empresa es algo que el ejecutuvo mercenario desconoce.

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La vida entre reuniones…

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Imagina un barco sin timón, sin mapas y sin lugar de destino. Sin duda, el barso estaría completamente a la deriva, sin control alguno. La tripulación no sabría qué hacer ni a dónde dirigirse. En la empresa de hoy, muchas reuniones de trabajo caen en esta terrible realidad.

¿Cómo saber cuánto le cuesta a la empresa una reunión de trabajo mal efectuada?. Actualmente algunas reuniones demoran horas, se distraen del tema central, no tienen un buen líder o moderador, se habla de mil cosas y no llegan a ninguna conclusión, etc.

Sin embargo, que ocurran este tipo de cosas en la empresa, le facilita el trabajo al ejecutivo mercenario ya que él sabrá cómo utilizar la reunión a su favor. El ejecutivo mercenario clasifica las reuniones en 3 tipos:

1. Exposición: es la reunión a la que asistentes gerentes o directores a los cuales se les puede impresionar. El ejecutivo mercenario sabe que algunas oportunidades solo se presentan una vez y las aprovecha al máximo, con valor y decisión.

2. Logro: reuniones en las cuales el ejecutivo mercenario puede conseguir lograr algunas de sus metas u objetivos del trabajo. Él insistirá y guiará la reunión en pos de lograr esos objetivos.

3. Basura: las reuniones basura son las que no tienen un tema u objetivo claro. El ejecutivo mercenario les huye a todas estas y si no le queda otra opción que estar en ella, trata de apurarlas..

Un ejecutivo mercenario no tiene tiempo que perder. Cada minuto en la empresa que no hace relaciones con otras personas, que no avanza su trabajo personal (por el que lo miden realmente) o que no puede exponerse favorablemente a la vista de sus superiores, es un pérdida para él. El tiempo es oro, y le pagan por ello, así que lo aprovecha, tanto en favor de la empresa como en favor propio.

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Entrevista de trabajo: el campo de batalla

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En la entrevista de trabajo es donde se libran las mayores batallas en el mundo empresarial. Por un lado, el entrevistado trata de mostrar lo mejor de sí mismo, mientras que por el otro, el entrevistador intenta descubrir aquellas cosas buenas o malas que puede tener ese candidato.

Ambos sacan a relucir sus mejores técnicas en el combate y mientras preguntas van y vienen, se va forjando un posible nuevo destino en la empresa. Y es precisamente aquí cuando el entrevistador debe tener extremo cuidado, pues el ejecutivo mercenario es un artista del disfraz y hará hasta lo imposible por meterse en la organización.

Entrar a la empresa para aprovechar los recursos o usarla de catapulta hacia otro puesto o empresa mayor se ha convertido en una práctica común. Los ejecutivos jóvenes, sobre todo, buscan ascender de forma rápida. Como dicen, quieren ser gerentes apenas cuando han salido de la universidad (me identifico plenamente con esta postura). Sin embargo, lo importante en ellos será que demuestren tener la sensatez suficiente para no permitir el ser superados por sus propias emociones.

Si en la entrevista dejas ingresar a tu empresa a un ejecutivo mercenario, esta persona será como un vampiro, succionando la sangre de la compañía hasta donde se pueda y buscando siempre otras alternativas de trabajo afuera. No será un fiel comprometido, ya que es nuevo. Aún así, existe siempre la posibilidad de que se desempeñe muy bien, lo que no deja de lado que pueda voltear y seguir otros rumbos en el momento menos esperado.

Algunas técnicas para el entrevistador:

1. No hables demasiado. No dejarás espacio en la conversación para conocer al candidato… si no te diste cuenta, es la razón por la cual lo llamaste.

2. Vende bien tu empresa. Toda persona, candidato o no, es un cliente potencial. La impresión que se lleve de la empresa y de su gente debe ser la mejor.

3. Las preguntas deben ser abiertas (que no sean de contestar solo si o no). Además deben ir ordenadas y estructuradas de acuerdo a las habilidades que requiere la posición buscada.

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¿Aceptaría que le creen las necesidades?

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Parece un supuesto absurdo, pero algunas empresas hacen esto con el fin de introducir con éxito nuevos productos al mercado. Obviamente, la respuesta es “no”, ya que nadie querría que le creen sus propias necesidades. Por lo general, uno mismo sabe qué es lo que necesita y no es necesario que nadie nos lo diga.

El caso es que, nos encontramos frente a un dilema ético cuando las empresas o los empresarioas tratan de crear nuevas necesidades que no teníamos antes, para vender nuevos productos. Esto definitivamente es antiético, ya que el fin supremo de las empresas debe ser generar valor para sí mismas y para la sociedad.

Aún así, el ejecutivo mercenario conoce el comportamiento del mercado en este aspecto y solo utilizará su conocimiento para crear necesidades a la gente cuando así lo amerite la situación. No antes, ni después, ya que sabe lo importante de estar en armonía con la sociedad pero también la importancia de generar beneficios para la empresa.

El ejecutivo mercenario se concentrará primero en descubrir las necesidades de las personas, para poder adaptar productos y servicios acordes con estas necesidades; sin embargo, no perderá de vista la posibilidad de amotinarse internamente en la empresa y empezar a buscar la gloria y reconocimientos.

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Pequeños detalles, grandes impactos

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Todas las personas somos diferentes. Pensamos de forma distinta, tenemos una percepción del mundo que nos rodea única para cada quién, y por lo tanto, obramos de diversas formas. Esto parace cultura general, pero en algunas empresas se olvidan de ello.

Cuando de motivar al personal de trata, no debemos olvidar que todos somos diferentes. Entonces, todos nos motivamos con distintas cosas. Algunos pueden motivarse con el dinero, otros con el puesto, otros con la flexibilidad de horario, otros con los proyectos retadores, otros con el conocimiento, en fin, la motivación de las personas puede provenir de muchos lugares.

Pero, ¿cómo enterarse de aquello que motiva a las personas que trabajan con uno?. No es sencillo, es necesario ser muy observador y hacer todo lo posible por conocer a la persona. La recompensa del proceso es que conocerás al detalle qué motiva a sus trabajadores y podrás hacer uso de esa información para guiarlos a los objetivos o simplemente retenerlos.

Es aquí donde encaja el título del artículo: “pequeños detalles, grandes impactos”. Es lo que ocurre cuando descuidamos aquellos “pequeños” detalles que impactan en la motivación de las personas, y generan un impacto negativo enorme a la actividad diaria. Por ejemplo, no los tratamos de acuerdo al puesto o jerarquía, los explotamos con extensos horarios de trabajo, no les ofrecemos una línea de carrera, pagamos poco, etc.

Se buen observador, que tu empresa o negocio lo agradecerán. No olvides que la base del producto o servicio, lo conforman las personas. Parece ser un tema olvidado por el área de recursos humanos, que más se dedica a papeleo y procesos de reclutamiento inefectivos, en lugar de ver hacia adentro y observar con cautela qué es lo que está ocurriendo con el personal ya operando.

Cuando quieras retener a una persona para que no se cambie de trabajo, enfócate en los detalles que la motivan. Encontrarás cosas que te sorprenderán.

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El que mucho abarca…

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poco aprieta.

Es una frase muy conocida y seguramente también la has escuchado. Es algo frecuente que en la empresa de hoy en día se generen muchas ideas de mejora y por ende muchos proyectos.

Es también frecuente que uno se encuentre en su vida laboral con jefes o gerentes que pretendan que esas ideas y proyectos se ejecuten de inmediato. Grave error. Todo debe surgir de una adecuada planificación y priorización de los proyectos.

Finalmente, si se pretende realizar todo de inmediato, se terminará haciendo todo al mismo tiempo y nada resultará bien. Es que la realidad es que los recursos son escasos y no hay empresa que se libre de eso. Frente a la escasez lo que hace la mente racional es destinar precisamente esos recursos escasos en primer lugar a lo más importante. No es posible que todo sea importante, o por lo menos, que tenga la misma importancia.

Priorizar es entonces la palabra clave. Se debe aprender a priorizar y enseñar a priorizar si se desea tener éxito y ejecutar adecuadamente los proyectos. Es probable que usted se familiarice mucho con esta situación. Mil proyectos a la vez y cuando acude por ayuda a su jefe, resulta que le dice que todo es prioritario e importante y que todo debe estar hecho…. “antes de cierre de mes”. Nuevamente: grave error.

El tiempo que se dedique a la planificación y preparación de los proyectos es fundamental. Además, ese tiempo debería llevarse la mayor participación del tiempo total del proyecto, la etapa preeliminar y de preparación. Sino, corremos el riesgo de implementar a medias o de ejecutar las ideas incompletas y con errores.

Recuerda siempre que “el que mucho abarca, poco aprieta”. El ejecutivo mercenario sabe esto, pero como no puede contradecir abiertamente a su jefe (no es estratégicamente lo mejor) entonces lo escucha, pero ejecuta a su manera, y de la forma más elegante posible, muestra resultados correctos, sobre lo hecho… lo demás, “está en curso”.

El ejecutivo mercenario sabe además que uno debe pensar como quiera, pero comportarse como los demás. Entonces procura tener la cartera llena de proyectos y seleccionar aquellos, cuya ejecución lo llevarán a la cima.

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Fidelidad empresarial

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El ejecutivo mercenario no se casa con ninguna empresa.

En verdad, eso me lo dijo un amigo hace mucho tiempo, pero no saben como me ha ayudado ese consejo, así que le pido que lo siga, no se case con ninguna empresa.

Porque no sabe que le espera a la vuelta de la esquina. Finalmente, tú estás siendo remunerado por tus servicios prestados, pero ni el tiempo ni la amistad pueden generar en ti una especie de ancla que te impida buscar nuevos y mejores horizontes.

Eso es precisamente lo que pretenden las empresas. Que las personas no se vayan, porque incurren en sobre costos de curvas de aprendizaje, reclutamiento, etc. Sin embargo, muy pocas a veces aciertan en retener a alguien por lo que en verdad le motiva. Generalmente envían disparos al aire para ver quién cae. Es por esto que debes tener extremo cuidado cuando te sientas cómodo en una empresa. La comodidad en estos casos, es sinónimo de conformismo y falta de progreso. Si estás listo para otros retos, ¡pues ve por ellos!

Si algún día la empresa decide prescindir de tus servicios, creéme que no pensará en cuántos años llevas con ellos o qué tan amigo de todos sean. La decisión será determinante y sin miramientos. Entonces, si eres tú el que decide irse, ¿por qué  no hacer lo mismo?.

El ejecutivo mercenario sabe que negocios son negocios, y que por más amigo y camiseta que sea, si quieren más de lo suyo, tienen que pagar por ello. Y si no quieren pagar, pues que les vaya bien. Claro, obviamente, salir correctamente de una empresa es lo mejor que puede hacer uno. Nunca se sabe, cuando pueda necesitar volver.

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Ideas no ejecutadas: como el pan de cada día

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Es que en realidad, ideas y proyectos no faltan en la empresa. ¿Acaso no tiene usted muchas ideas para mejorar los procesos y el trabajo en su empresa?, ¿acaso no está lleno de proyectos y sabe exactamente a donde apuntar para que estos se realicen y den beneficio a su organización?

Ese no es el problema. La verdadera dificultad está en la implementación o ejecución de esas ideas y proyectos. No hay que ser brillante para saber cómo y qué hacer para que la empresa mejore. El dilema es poner esas ideas en marcha.

Pero, ¿por qué es tan difícil ejecutar? es que no se sabe por donde empezar. ¡Es ahí donde entra el líder transformacional!, ¿quién dijo que el liderazgo era solo mística?, mentira, pero únicamente sirve si se le aplica correctamente.

Entonces la palabra clave es ejecutar, y ejecutar y cuando aún no sepamos que hacer, ejecutemos todavía más. Es la forma de ser congruente con uno mismo y con la empresa. Déjese de tanta palabrería y ejecute. Lleve a la práctica sus ideas, materialice tanto verso bonito.

El ejecutivo mercenario sabe que no solo de ideas vive la empresa, sino de ejecutarlas también. Y él sabrá en qué momento ejecutar y en qué momento palabrear. Porque ambas cosas coexisten en la empresa, solo es cuestión de saber cómo utilizarlas.

El buen ejecutivo mercenario ejecuta sin temor, porque su objetivo va más allá de lo que la simple visión de los demás puedan alcanzar a ver. Su objetivo se esconde en los cimientos de las ideas y les da fuerza para sostenerse. Sabe cuando avanzar y cuando retroceder, cuando olbigar y cuando ceder, porque su objetivo si bien es a favor de la empresa, también lleva un detalle adicional… él busca la gloria personal.

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La máquina perfecta

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 Si crees que en la empresa en donde trabajas existe una máquina perfecta, totalmente justa y honesta, que imparte sabiduría y reciprocidad, déjame decirte que estás muy equivocado.

Las cosas claras y directas, para empezar, ese es mi compromiso. Ahora, con lo de la máquina perfecta me refiero específicamente a que todas las empresas y organizaciones, sean locales o transnacionales, están manejadas por seres humanos.

Seres de carne y hueso, que sangran como tú y como yo son los que imparten esa justicia y honestidad que exigimos de nuestras empresas. Así es, los gerentes de división, generales, de algún país o globales, son personas como cualquier otra. No les corre sangre de otro color por las venas, es roja como la de todos.

Y ese precisamente es el problema. Dime, ¿acaso no sientes celos?, ¿envidia?, ¿rencor?, ¿frustración?. Pues son sentimientos que, si bien son negativos y uno debería aprender a manejarlos y mejor a eliminarlos en su vida, están ahí. Entonces, ¿qué nos asegura que los mismos sentimientos u otros no aborden a nuestros tan queridos gerentes al tomar sus decisiones?.

Creéme que si hay una máquina que impartiera justicia con total perfección, tendría que hacerlo mediante un algoritmo sofisticado en el cual estén variables tales como el conocimiento del negocio, tiempo de permanencia en la empresa, estudios realizados, esfuerzo enfocado en actividades que agregan valor, etc, etc, etc. Y si esto fuera cierto, tal vez tú y muchos otros estarían en donde les corresponde estar en sus empresas.

¡Pero esto no existe! Esa es el mínimo aprendizaje que pretendo saques de este artículo. La máquina perfecta no existe. Muy lamentable, cierto, pero es la verdad. Las oportunidades, beneficios, recompensas, ascensos, etc., no se distribuyen con justicia en la organización. La justicia la debes tomar por tus propias manos.

Con esto no te quiero decir que vayas a encañonar a tu jefe para exigirle tus derechos. Sino hacerte dueño de ese proceso de justicia, con las técnicas que intentaré mostrarte, de tal forma que no te quedes esperando una justicia divina que JAMÁS llegará.

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