“Sr. Pérez… esto es para ayer”

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 ¿En qué momento lo urgente le ganó a lo importante?

¿Cuándo fue que perdimos todo horizonte de planificación y coordinación, para dar paso al nuevo caos que genera el querer todo para el corto plazo?

Y ni siquiera solo para el corto plazo, sino para el inmediato plazo. ¿Cuándo no has escuchado acaso a su jefe pidiendo una información o trabajo para el mismo momento o para el clásico “ayer”?.

Si tienes un jefe que brilla por su planificación al querer todo con tanta prontitud, pues no me queda más que afirmar que es un inepto. Así es, porque se debe buscar siempre un balance entre el corto y largo plazo, y precisamente ese balance se trata de sembrar en el corto, para cosechar en el largo.

En la jerga empresarial sería, ejecutar acciones inmediatas que generen resultados futuros, siempre cuidando el largo plazo de la empresa. Es igual que un país, si el presidente solo piensa desde que inicia hasta que terminará su mandato, el país está perdido. Sin embargo, si piensa en las futuras generaciones y décadas que enfrentará el país, las decisiones que tome estarán enfocadas a solucionar aquellos escenarios futuros y las acciones fortalecerán a la nación.

¿Quién no se ha topado con jefes que no planifican su trabajo, y lo peor de todo, no priorizan las tareas o los proyectos? El resultado, tienen a sus subordinados al extremo del estres, no los dejan trabajar tranquilos y más aún, los tienen haciendo nada bien. Esto se debe a que si no hay prioridades, y se quiere empezar con todo al mismo tiempo, lo que vendrá será hacer efectivamente todo, pero nada bien.

Entonces, prioriza, prioriza y prioriza, ese es el consejo. No importa que tu jefe sea un torpe en este sentido, no le hagas caso. Deja que se sumerja en el mar de su ineptitud, mientras tu sales triunfante por planificar y priorizar tus acciones. Recuerda que ”el que mucho abarca, poco aprieta” y este dicho gana más fuerza en un mercado tan vertiginoso como el actual. Los pasos que se dan tienen que ser muy cautelosos y seguros, y que mejor forma que planificando y priorizando.

La foto es de Stock.Xchng 

Entrevista de trabajo: el campo de batalla

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En la entrevista de trabajo es donde se libran las mayores batallas en el mundo empresarial. Por un lado, el entrevistado trata de mostrar lo mejor de sí mismo, mientras que por el otro, el entrevistador intenta descubrir aquellas cosas buenas o malas que puede tener ese candidato.

Ambos sacan a relucir sus mejores técnicas en el combate y mientras preguntas van y vienen, se va forjando un posible nuevo destino en la empresa. Y es precisamente aquí cuando el entrevistador debe tener extremo cuidado, pues el ejecutivo mercenario es un artista del disfraz y hará hasta lo imposible por meterse en la organización.

Entrar a la empresa para aprovechar los recursos o usarla de catapulta hacia otro puesto o empresa mayor se ha convertido en una práctica común. Los ejecutivos jóvenes, sobre todo, buscan ascender de forma rápida. Como dicen, quieren ser gerentes apenas cuando han salido de la universidad (me identifico plenamente con esta postura). Sin embargo, lo importante en ellos será que demuestren tener la sensatez suficiente para no permitir el ser superados por sus propias emociones.

Si en la entrevista dejas ingresar a tu empresa a un ejecutivo mercenario, esta persona será como un vampiro, succionando la sangre de la compañía hasta donde se pueda y buscando siempre otras alternativas de trabajo afuera. No será un fiel comprometido, ya que es nuevo. Aún así, existe siempre la posibilidad de que se desempeñe muy bien, lo que no deja de lado que pueda voltear y seguir otros rumbos en el momento menos esperado.

Algunas técnicas para el entrevistador:

1. No hables demasiado. No dejarás espacio en la conversación para conocer al candidato… si no te diste cuenta, es la razón por la cual lo llamaste.

2. Vende bien tu empresa. Toda persona, candidato o no, es un cliente potencial. La impresión que se lleve de la empresa y de su gente debe ser la mejor.

3. Las preguntas deben ser abiertas (que no sean de contestar solo si o no). Además deben ir ordenadas y estructuradas de acuerdo a las habilidades que requiere la posición buscada.

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La máquina perfecta

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 Si crees que en la empresa en donde trabajas existe una máquina perfecta, totalmente justa y honesta, que imparte sabiduría y reciprocidad, déjame decirte que estás muy equivocado.

Las cosas claras y directas, para empezar, ese es mi compromiso. Ahora, con lo de la máquina perfecta me refiero específicamente a que todas las empresas y organizaciones, sean locales o transnacionales, están manejadas por seres humanos.

Seres de carne y hueso, que sangran como tú y como yo son los que imparten esa justicia y honestidad que exigimos de nuestras empresas. Así es, los gerentes de división, generales, de algún país o globales, son personas como cualquier otra. No les corre sangre de otro color por las venas, es roja como la de todos.

Y ese precisamente es el problema. Dime, ¿acaso no sientes celos?, ¿envidia?, ¿rencor?, ¿frustración?. Pues son sentimientos que, si bien son negativos y uno debería aprender a manejarlos y mejor a eliminarlos en su vida, están ahí. Entonces, ¿qué nos asegura que los mismos sentimientos u otros no aborden a nuestros tan queridos gerentes al tomar sus decisiones?.

Creéme que si hay una máquina que impartiera justicia con total perfección, tendría que hacerlo mediante un algoritmo sofisticado en el cual estén variables tales como el conocimiento del negocio, tiempo de permanencia en la empresa, estudios realizados, esfuerzo enfocado en actividades que agregan valor, etc, etc, etc. Y si esto fuera cierto, tal vez tú y muchos otros estarían en donde les corresponde estar en sus empresas.

¡Pero esto no existe! Esa es el mínimo aprendizaje que pretendo saques de este artículo. La máquina perfecta no existe. Muy lamentable, cierto, pero es la verdad. Las oportunidades, beneficios, recompensas, ascensos, etc., no se distribuyen con justicia en la organización. La justicia la debes tomar por tus propias manos.

Con esto no te quiero decir que vayas a encañonar a tu jefe para exigirle tus derechos. Sino hacerte dueño de ese proceso de justicia, con las técnicas que intentaré mostrarte, de tal forma que no te quedes esperando una justicia divina que JAMÁS llegará.

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